miércoles, 12 de noviembre de 2008

EL TORCAL DE ANTEQUERA

EXCURSIÓN AL TORCAL
por Mariano Cano
7/10/2000


El pasado 9 de Octubre, día de San Dionisio, a las 7,00 horas partíamos hacia Antequera Miguel Quirós, jefe y guía de la expedición, Juan Duran, Pepe Vázquez y el que cuenta la historia, Mariano Cano, socios de la Agrupación Fotográfica Jerezana “San Dionisio”, íba­mos un poco asustados pues aunque había­mos visitado el Torcal varias veces, yo en concreto había ido en cuatro ocasiones, nun­ca nos habíamos salido de los circuitos mar­cados.

Habíamos hecho recorridos muy du­ros, pero este según el jefe era el "peor". A la dificultad de la ascensión se unía el pro­blema del regreso por los cortes y precipi­cios debidos al escaso conocimiento del te­rreno que teníamos y algunas veces debe­ríamos volver sobre nuestros pasos y comen­zar el descenso por otra ruta, pero bueno, todo sea por conseguir buenas fotografías de sitios poco visitados.

Llegamos a Antequera sobre las 9,30 horas, compramos las viandas y nos dirigimos hacia el Torcal, aparcamos el coche en el "Llano de los Polvillares" a las 10,00 horas, preparamos el equipo y la comida e iniciamos la ascensión que culmino a las 16,00 horas.

El Torcal parece un conjunto de montañas en estado ruinoso, un maravilloso laberinto por donde solamente es posible circular y salir airoso siguiendo las flechas amarillas, verdes y rojas. Fuera de estos límites se necesita un guía.

Nosotros iniciamos el recorrido por la "Ruta Roja" pero inmediatamente lo abandonamos y nos pusimos en manos de nuestro guía particular, Miguel Quirós. Empezamos a circular por unos parajes extraordinarios donde el equilibrio y las combinaciones de las rocas parece cosa de magia. Aquí la imaginación es la dueña y señora, apareciendo formaciones que se asemejan a la realidad y que tienen sus nombres: DOS IGUALES, LA COPA, LOS ARREGLADEROS, EL CALLEJÓN DEL TABACO, CALLEJÓN ANCHO, EL SOMBRERETE, EL BAÑADERO DE LOS BUITRES, SIETE MESAS, VILANERAS ALTA, PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, EL ANFITEATRO, etc.

Miguel titubeó un poco al principio pero en cuanto olfateo las posibles fotografías que no había hecho en su visita anterior, metió la directa y por poco no acaba con nosotros. Repechaba como las cabras y nosotros tres le seguíamos como podíamos, menos mal que encontró a la me­dia hora de iniciar la marcha la primera fo­tografía que tenía que repetir y nos pudimos permitir un respiro. La ascensión fue un Vía Crucis hasta la cima, pero mereció la pena tanto por las vistas como por las fotografías que realizamos.

Al final llegamos a la cima desde donde contemplamos el maravilloso paisaje que forma la Hoya del Guadalhorce y las sierras de Málaga.

Iniciamos el descenso a las 16,00 horas y a las 17,00 horas nos encontrábamos en Antequera tomando café y comprando los dulces típicos de la ciudad: los Bienmesabe y los Mantecados.

Ha sido una grata excursión que habrá que repetir en otra ocasión, pues alguna foto faltará. Os esperamos para la próxima.





EXCURSIÓN AL TORCAL DE ANTEQUERA II


Aceptando la invitación ofrecida por la agrupación fotográfica de Antequera para visitar el Torcal ubicado en dicha localidad malagueña, el pasado 8 de Octubre un reducido grupo de socios partimos con la ilusión de pasar un buen día en compañía de nuestros compañeros de afición.

Salimos a primera hora de la mañana. Las suaves curvas de la carretera que atraviesa parte de nuestra sierra nos aproximaba a nuestro destino mientras el día clareaba. Amaneció cubierto y, aunque no comentamos nada, pensamos todos si sería un “día fotográfico”.

A medida que entrábamos en la ciudad, íbamos admirando los edificios, tanto civiles como religiosos, que aparecían a nuestro paso: la plaza de toros y el museo taurino, el convento de las monjas de clausura, que elaboran los mejores “bienmasabe” de la población, el palacio de Nájera, hoy museo municipal…

Antequera, ciudad monumental donde las haya, se levanta al pie de la sierra del Torcal, parque natural desde 1978 y una de las zonas geológicas más curiosas de Andalucía, en torno a un pequeño cerro coronado por un viejo castillo en ruinas. El islote calcáreo de la Peña de los Enamorados matiza la monotonía de la depresión. Durante la época romana, Antequera estuvo integrada al convento jurídico de Écija, uno de los que dividía la Bética, siendo uno de sus municipios más florecientes y Fernando el Católico la utilizó como punto de apoyo en sus campañas contra el reino de Granada. A partir de la conquista cristiana los periodos renacentista y barroco comprenden su “edad de oro”, como muestran las diversas iglesias y conventos de la época. Hoy día es un importante mercado comarcal y un creciente núcleo fabril.

Juan B, Antonio y Alfredo, socios de la agrupación antequerana y buenos conocedores del terreno tras muchos años de recorridos, se encargaron de mostrarnos cada rincón del Torcal haciendo lo imposible por que pasáramos un inolvidable día.

Desde Antequera tomamos la carretera comarcal 3.310 a Villanueva de la Concepción, encontrándonos con el cruce para el Torcal a unos 12 kilómetros. Al llegar nos topamos con un paisaje peculiar que nos asombró. Este paraje, cuyo origen se remonta a más de cien millones de años, se formó cuando los materiales calizos, sensibles a la disolución, se elevaron hasta 1300 metros sobre el nivel del mar constituyendo un relieve cárstico y dando lugar a un paisaje que recibe diversos nombres populares como por ejemplo: el tornillo, cara de perro, la vieja haciendo punto, el sombrerillo, el agrio del tinterillo…etc. Pudimos contemplar todas estas figuras mencionadas, así como las siete mesas, que es el punto de máxima altura del Torcal (1.330 m.) y posee la mejor zona del relieve cárstico del paraje.

Avanzamos entre pastizales, salpicados de encinas y quejigos y de bonitas flores de azafrán, especie protegida. No queríamos perdernos nada, por lo que nuestras cámaras no dejaban de funcionar.

En una de las laderas que dan al sur disfrutamos de magníficas vistas de Villanueva de la Concepción y de la sierra circundante. El día se portó bien. Salió el sol, pero no hacía calor; cosa que nos hubiera agotado durante el recorrido. La lluvia no hizo acto de presencia y, para suerte de los avezados fotógrafos, aparecieron unas difuminadas nubes dignas de ser conservadas para la posteridad.

Tras una caminata que nos abrió el apetito, llegamos a la parte más alta del parque. Allí nos dispusimos a descansar y a compartir nuestro almuerzo, mientras divisábamos una hermosa vista de Antequera.

Después de la comida, comenzamos a bajar con algo de frío, pues se nubló y el viento soplaba con más fuerza que cuando llegamos. Temíamos que empezara a llover. Durante el descenso descubrimos una de las muchas cuevas que hay en el parque. No perdíamos de vista el paisaje al que ya nos habíamos acostumbrado después de varias horas de recorrido.

Cuando llegamos a nuestros coches nos sentíamos cansados, pero contentos; como dice la famosa sevillana. En un solo día habíamos practicado varias aficiones: hacer deporte, estar en contacto con la naturaleza y captar imágenes con nuestra cámara. ¿Qué más se puede pedir?

Margarita Bermudo




















jueves, 6 de noviembre de 2008

FOTOGRAFÍA DE ALTA VELOCIDAD

FOTOGRAFÍA DE ALTA VELOCIDAD


Paseando por la red me encontré en la Página de “Microsiervos” un reportaje muy bueno sobre fotografía de alta velocidad. Lo he incluido en mi Blogs aunque muchos dicen de este tipo de fotografías que ves una y ya las has visto todas pero yo de mayor quisiera dominar esta tecnica lo mismo que ese maestro de la fotografia. Hay que dominar el cotarro para sacar las fotos que os voy a mostrar.
















lunes, 3 de noviembre de 2008

LUZ SIEMPRE LUZ I


Por A. Becquer Casaballe


La luz es lo que le otorga carácter a la fotografía, al tiempo que le da razón de ser. Puede engrandecer una situación vulgar o cotidiana al proporcionarle un fuerte contenido estético e, incluso, psicológico, en aquello que denominamos “clima”, o estropearlo todo por su extrema dureza, suavidad o, simplemente, por provenir de lado equivocado.


Luces y sombras, tonalidades, color, remiten a la fotografía como medio de representación y de creación, que va desde la abstracción pura hasta la objetividad de las fotos científicas.

Por ello el fotógrafo, además de conocer las propiedades físicas que se refieren a su composición (o balance) que se expresa en la temperatura color, intensidad, concentración o difusión, debe comprender su calidad en términos generales que, de alguna manera, es la suma de todos los elementos antes mencionados.



Todos los grandes fotógrafos, desde los paisajistas y retratistas hasta los fotoperiodistas que han hecho historia, saben que la luz es el componente esencial de sus fotografías, no sólo por el hecho de que sin luz no existe la posibilidad de impresionar el material sensible, así se trate de una película o de un captor, sino porque constituye el elemento que le da una dimensión estética al tema. Hay quienes se expresan con fuertes contrastes como se aprecia en la obra de Mario Giacomelli, Ralph Gibson o Robert Frank, o en matices con una transición de gran suavidad como vemos en Mario Cravo Neto, Man Ray o Imogen Cunningham.

W. Eugene Smith, uno de los fotoperiodistas más creativos de la historia y de un gran compromiso humanista, no eludía los temas técnicos y de realización que hacen a la fotografía —como si sucede, en cambio, con muchos aprendices de artistas—, ya que le gustaba explicar su manera de trabajar.


De la luz solar directa dijo: “el sol es con frecuencia enemigo de la deseada composición y contenido fotográfico; el sol es un destructor de zonas de sombras ... La belleza, la fealdad, los perfiles del paisaje e incluso la misma obra del hombre resultan, en mi opinión, enriquecidas en sus valores pictóricos por la luz mortecina del crepúsculo o por la débil iluminación del amanecer. Esta ha sido mi experiencia personal; al viajar a esas horas se aprecia un lujo de formas que danzan en la superficie del paisaje, dándole vida en un juego rítmico, aún a las ramas más sombreadas”.
Lo que dice Smith en cine se denomina “la hora mágica”. Es el momento en que el sol comienza a desaparecer detrás del horizonte y el cielo actúa como una gigantesca pantalla reflectora durante unos minutos, dando la oportunidad de realizar imágenes muy expresivas.

El director de cine alemán Werner Herzog, en muchas de sus películas (“Aguirre, la ira de Dios, “El enigma de Gaspar Hauser”, “Nosferatu, fantasma de la noche” o “Fitzcarraldo”), da lecciones excepcionales del uso de la “hora mágica” en ambientes naturales.

Eugene Atget solía hacer sus fotografías de París muy temprano por la mañana, cuando prácticamente no habían personas en las calles y el clima, por cierto mágico, de la luz sobre las fachadas de los edificios y las calles, le permitieron construir un imaginario visual de gran belleza.
Lo cierto es que desde el crepúsculo hasta las primeras horas del día, o en el atardecer hasta el crepúsculo vespertino, las condiciones en general de la luz natural resultan ser las más apropiadas. En zonas de montañas y en ciudades que se encuentran en valles, tales factores deben ser tenidos en cuenta, ya que se queda inmerso en la proyección de las sombras de diferente manera. Cada zona es por lo tanto de una particularidad que no es posible generalizar en base a fórmulas o esquemas preconcebidos.

Es diferente la luz en las ciudades de Europa Central, por ejemplo, que en las de la Patagonia o del sur de los Estados Unidos y de México. En nuestro país existen sustanciales diferencias de una región a la otra y según la época del año, lo cual hace que siempre se pueda fotografiar un mismo tema de una manera distinta. Las tonalidades, los colores, volúmenes y formas plantean desafíos constantes.
De ahí que la paciencia, la observación profunda de todos los elementos, el cálculo de dónde comenzarán las sombras a cubrir un determinado espacio y desde dónde lo harán, constituyan los elementos que el fotógrafo de paisajes y de escenas de lo cotidiano al aire libre debe tener en cuenta. Para ello, el conocimiento del lugar es fundamental. No se puede llegar a un sitio, apuntar con la cámara y comenzar a sacar fotografías al estilo de las hordas de turistas que descienden de los micros y a las cuales se les permite permanecer el tiempo que el guía hace un breve relato. Por eso, las excursiones siempre atentan contra la calidad fotográfica, debiéndonos remitir a aquello de que “el fotógrafo es un cazador solitario” dicho por Robert Capa.


El fotógrafo debe ser un observador meticuloso y sensible, pero también estudioso de las condiciones y particularidades de cada zona. Debe también entenderse que no todo es fotografiable en cualquier momento, es decir, que las fotografías no surgen de manera forzada sino cuando se produce una sólida comunión entre la escena y sus circunstancias y quien mira.

Nota: Las citas textuales de W. Eugene Smith han sido tomadas de un artículo publicado en la revista “Fotografía Popular”, editada en Cuba, que era la versión en castellano de “Popular Photography”. El autor del reportaje es Arthur Goldsmith.

domingo, 2 de noviembre de 2008

PLAZA ALTA BADAJOZ

REMODELACIÓN DE LA PLAZA ALTA DE BADAJOZ

La Plaza Alta de Badajoz (Extremadura, España), recientemente rehabilitada, fue durante varios siglos el centro de la ciudad desde que ésta rebasó los límites de la alcazaba musulmana.

Porticada en gran parte, bajo sus arcos se celebraban los mercados en la Edad Media. También era lugar de celebración de festejos y reuniones de todo tipo. Desde 1899 hasta la década de 1970 alojó un mercado de hierro, trasladado, al perder su uso, al campus universitario.

Uno de sus flancos más interesantes es el formado alrededor del antiguo toril. Se trata de la reforma de la plaza conseguida por el Concejo y financiada por el Obispo Marín de Rodezno y el Cabildo Catedralicio de la ciudad. La reforma, que consistía en la renovación total de la plaza, comenzó en 1699 y se vio interrumpida en 1703 por la proclamación de la Guerra de Sucesión. Lo realizado, un 30 % del total, muestra una plaza cerrada del tipo de las plazas mayores de Valladolid, Madrid, Córdoba o Salamanca, con una decoración barroca de gran singularidad.

En sus alrededores se encuentran casas y monumentos notables, como la alcazaba, las Casas Coloradas, las Casas Mudéjares o la Torre de Espantaperros.

En la actualidad ha recuperado la vitalidad perdida y han regresado a ella nuevos moradores, instituciones y comercios.

Dos libros recientes de José Manuel González González han estudiado este espacio, que se revela como el foro histórico por excelencia de la ciudad.