sábado, 14 de noviembre de 2009

FOTOGRAFÍAS PRESENTADAS EN LA TERTULIA DE "LA TORRE DEL AGUA"

TEMA: FOTOGRAFÍA URBANA

Puerto de Bergen
Museo Folklorico de Oslo



Barrio Bryggen de Bergen




miércoles, 11 de noviembre de 2009

FOTOGRAFÍAS CONCURSO "OJO DE ANTEQUERA"

TEMA LIBRE

La cuarta y la quinta fotografía del Tema Libre fueron seleccionadas para la exposición y el Catálogo del Concurso











TEMA ANTEQUERA







domingo, 8 de noviembre de 2009

BREVE MANUAL PARA MEJORAR TUS FOTOS, SEA CUAL SEA TU EQUIPO (II)

ENSEÑA TUS FOTOS PERFECTAMENTE EN PAPEL O INTERNET

Os dejo la segunda parte de este interesante trabajo para que os ayude a que vuestras fotos puedan ser visualizadas perfentemente tanto en papel como en en el ordenador, TV, Marcos digitales o Internet.
Espero que saqueis provecho del trabajo que ha hecho Ramón Peco en su página SOUITO.ES
Soy un asiduo lector de su página pues en ella he encontrado excelenes trabajos sobre fotografía. Desde mi Blogs lo felicito por el trabajo que está realizando.

Imprimir una buena foto o colgarla en la red requiere de cierta técnica, al menos si deseas obtener una calidad óptima. En esta segunda parte de este manual exprés para mejorar tus fotografías, te explicamos algunas claves para que tus fotos luzcan de maravilla en papel, en internet, en un marco de fotos digital, o incluso hasta en la pantalla del iPhone. También te orientamos por si quieres comprar una impresora fotográfica.

En su momento, ya tratamos el polémico tema de los megapíxeles de las cámaras de fotos. Ahora ha llegado el momento de que el sensor de tu cámara demuestre de verdad su potencial. Lo primero que debes tener en cuenta es el concepto de resolución de tu fotografía, que no es otra cosa que la densidad de píxeles de tu imagen. Cuanto mayor es la densidad de píxeles, mejor se ve tu foto. Por defecto, al hacer una foto, la inmensa mayoría de cámaras las almacena a 72 p.p.p.
Cuando se trata de imágenes que son mostradas en una pantalla, sea ésta un monitor de ordenador o un televisor, la resolución con la que se muestran está limitada en la mayoría de los casos a 72 puntos, o píxeles, por pulgada —ppp—; aunque en algunos casos hay monitores que llegan a los 100 p.p.p.

Pantallas que parecen de papel

Para hacernos una idea de lo que eso supone, hay que explicar que los periódicos suelen imprimirse con una resolución que oscila entre los 100 y los 150 ppp, mientras que para las revistas impresas en papel couché de alta calidad, como las de moda, suelen usarse resoluciones cercanas a los 300 p.p.p.

Cuando amplías la densidad de píxeles de una imagen, el tamaño de ésta se reduce. Por ejemplo, una fotografía hecha con una cámara de unos 6 megapíxeles —2816 X 2112 píxeles—, cuyo tamaño a 72 ppp sea de 1000x750 mm, pasa a tener unas dimensiones similares a las de una hoja de papel tamaño A4 —210×297 mm— al convertirla a 240 ppp, que es una excelente calidad para imprimir fotografías con un acabado profesional.

Por otra parte, algunos dispositivos incluyen pantallas con una resolución que tiene más que ver con el papel que con lo que ofrece un monitor estándar. Ese es el caso de algunos discos duros profesionales para fotógrafos, de móviles como el Black Berry Bold —217 ppp— o el iPhone —163 ppp—. Por otra parte, algunas cámaras réflex incorporan pantallas que se acercan a la cifra mágica de los 300 ppp, que es lo que suelen pedir las agencias de fotografía al comprar una foto, y los de Casio incluso han desarrollado una pantalla de 546 p.p.p.

¿Cuál es la resolución perfecta para mis fotos?
Fasterbit (Flickr)

Si vas a lucir tus fotos en internet o las vas a mostrar en un televisor, puedes grabarlas con una resolución de 72 p.p.p. Si las imprimes, conviene que tengan una resolución de entre 200 y 240 p.p.p.

Por supuesto, siempre puedes adaptar tus fotografías en función del dispositivo en el que las vayas a mostrar. Si lo haces en un iPhone, por ejemplo, entonces tus fotos se verán de maravilla a los más de 160 puntos que, como hemos dicho, admite su pantalla. Lo mismo puede decirse de los marcos de fotografía digital, como este marco digital de Philips que alcanza una resolución de 133 p.p.p.

¿Qué impresora escojo?

Ahora quizá te estarás preguntando para qué demonios compraste una impresora con una resolución de más de 1.000 puntos. Pues la verdad es que imprimir con resoluciones superiores a los 300 ppp no tiene mucho sentido, a no ser que quieras gastar tinta en balde.

No obstante, cada modelo de impresora es un mundo, por lo que, si imprimes fotos en casa primero, haz unas cuantas pruebas en papel de pequeño formato de una misma foto, para no gastar mucha tinta, a distintas resoluciones y juzga tú mismo.

A la hora de comprar una impresora para obtener fotos en casa, lo mejor es que elijas una con una amplia variedad de tintas, ese aspecto es fundamental para obtener calidad fotográfica en tus copias. Esto es bastante importante, porque los mayores problemas a la hora de imprimir fotos se dan al intentar imprimir las zonas más claras de las imágenes.

Para evitar que en la foto se aprecie una trama en las zonas con los tonos más claros, la impresora debe tener una amplia gama de colores básicos. Los modelos profesionales cuentan con hasta 10 cartuchos de tinta, pero con seis ya lograrás una buena calidad.

Todo lo dicho hasta aquí se refiere a impresoras de inyección de tinta, que son las más populares, pero si sólo imprimes fotos en pequeño formato, 10x15 cm, puedes optar por una impresora de sublimación doméstica, que no dejan ver ningún tipo de trama de puntos al imprimir y logran el característico tono continuo de la antigua fotografía analógica. Las de Sony son bastante interesantes.

El color

Sobre la forma de controlar el color de tus fotos, se pueden escribir libros y siempre te quedará algo en el tintero. Pocas cosas son tan complicadas como gestionar con precisión el color de tus fotos, desde la toma hasta tener la copia definitiva. Sin embargo, no es difícil lograr un buen resultado si seguimos algunos sencillos pasos. Lo primero que tienes que hacer al editar tus fotos es trabajar siempre con una profundidad de color 16 bits. Ya te explicamos el porqué en la primera parte de este artículo.

También es necesario que calibres el monitor del ordenador en el que editas tus fotos, de lo contrario no vas a dar pie con bola. Si usas Windows sigue esta sencilla guía de Microsoft y usa algún programa fácil, como Calibrize 2.0. Para los que trabajan con Linux, conviene leer este post del blog de Tomas Senabre, todo un experto en el tratamiento de fotografías con este sistema operativo, y usar el programa Mónica.

Los de Mac son los que lo tienen más fácil, pues OS X incluye por defecto ColorSync, un gestor profesional del color, y una sencillísima herramienta de calibración en las preferencias del sistema. No está de más que mires esta pequeña guía de Adobe, uses el sistema que uses. Otra opción es emplear un calibrador de color, un gadget para sibaritas de la fotografía.

¿Qué son los perfiles de color?

Hay que decir que aprender a gestionar perfiles de color es algo que lleva cierto tiempo y está reservado para los que van a enviar sus fotos a laboratorios de revelado más o menos profesionales o quieren publicarlas con buena calidad en internet. Si ese no es tu caso, sáltate este apartado, que de todas formas sólo pretende orientar.

Los perfiles o espacios de color no son otra cosa que gigantescos repertorios de colores que se incluyen en toda clase de dispositivos para capturar imágenes, como es el caso de las cámaras de fotos, y en los dedicados a representarlas, como es una impresora.

En fotografía, casi siempre se usan sólo dos de estos perfiles: el sRGB y el Adobe RGB 1998. El primero tiene una gama más reducida de tonos que el segundo, pero a cambio es más universal.
Por lo general, puede decirse que sRGB lo emplean las impresoras domésticas. Consulta el manual de la tuya para saber qué perfil usa, aunque Firefox 3 y Safari aceptan otros. No dejes de ver las diferencias entre el viejo navegador de Mozilla y el de Apple.

Si vas a imprimir tus fotos en un buen laboratorio online, lo mejor es que dispares tus fotos con el espacio de color Adobe RGB 1998 en tu cámara. Muchas réflex lo permiten, mientras que la mayoría de las compactas suelen grabar las fotos en sRGB. Otra opción es que pases la imagen a este perfil al editarla si tu programa de tratamiento de fotos lo permite. Todos los programas de tratamiento RAW que incluyen las cámaras réflex y algunas compactas dejan hacerlo.
Photoshop permite gestionar los colores en su versión profesional y en Elements, y también Gimp. Si imprimes tú mismo la foto y tu impresora acepta el espacio de color de Adobe, estás de enhorabuena, pero ya te adelantamos que esto sólo lo hacen impresoras fotográficas profesionales, como las Canon Pixma Pro.

En resumidas cuentas, si vas a colgar tus fotos en internet, vas a imprimirlas en una impresora doméstica, o las revelas en una tienda de no profesional, trabaja con el perfil sRGB y exportarlas incrustando este perfil en ellas.

Si usas una cámara compacta, con casi total seguridad este será el espacio de color que se usará por defecto, y si lo tuyo es una réflex, podrás elegirlo en las opciones de configuración. Cualquier programa sencillo, como Picasa o iPhoto, no alterará el perfil de color con el que hiciste la foto, pero si empleas uno más profesional asegúrate de que estas eligiendo sRGB.

Usa Adobe RGB si dispones de una buena impresora que lo admita o las envías a un buen laboratorio de fotografía. Si optas por lo segundo, solicita el perfil de color específico de la máquina y el papel que usan en ese laboratorio. Si usas Photoshop con la opción de ajuste de prueba podrás ver en la pantalla de tu ordenador el color con el que tus copias van a ser impresas.

¿Cómo grabo mi foto?

Si has seguido los consejos que te hemos dado en la primera y en la segunda parte de este artículo, puede que ya hayas logrado fotos con un acabado extraordinario, pero ahora toca almacenarlas y esto también es importante.

Lo primero que debes tener en cuenta es que debes conservar una copia perfecta, sin pérdidas, de tu foto una vez editada. Si se trata de un archivo RAW, no debes hacer absolutamente nada. La imagen se conservará sin perdidas de calidad en tu disco duro, y siempre puedes volver a retomarla para hacer otros ajustes o volver a los valores que tenía por defecto cuando la disparaste.

Si has grabado la foto en Jpeg, al hacerlo nunca elimines la foto original, es tu negativo digital, y cuando la hayas editado y quieras guardarla con todos los cambios que has realizado sobre ella, haz una copia en TIFF.

Si has grabado la foto en Jpeg, al hacerlo nunca elimines la foto original, es tu negativo digital, y cuando la hayas editado y quieras guardarla con todos los cambios que has realizado sobre ella, haz una copia en TIFF, que es un tipo de archivo que no produce pérdidas de calidad. Si el programa que usas te lo permite, elige una profundidad de color de 16 bits y acompáñala del perfil de color con el que has trabajado. Ya tienes la copia maestra de tu foto editada, guárdala en un sitio seguro.

Ahora toca sacar fotos para subirlas a internet o revelarlas en un laboratorio. Lo mejor es que envíes la foto en Jpeg; que es el tipo de archivo que se usa para distribuir copias. La profundidad de color de estas copias será de 8 bits, el espacio de color será sRGB si publicas la foto en internet y Adobe RGB si la llevas a revelar; y la resolución de la imagen será de 72 ppp si la publicas en la red o de 200-240 ppp si la imprimes o te la revelan.

En el caso de que publiques una imagen en internet y quieras hacerla más pequeña que en el original, si usas Photoshop, al cambiar el tamaño de la imagen, elige la opción de remuestrearla con máximo enfoque. Notarás una gran diferencia.

Llegados a este punto, quizá te preguntes qué clase de fotos se obtienen siguiendo todo este proceso: Aquí tienes una prueba.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Breve manual para mejorar tus fotos, sea cual sea tu equipo (I)

TOMA Y PROCESADO DE IMÁGENES

Leyendo el artículo “Que bello es el grano”, Ramón Peco (souito.es), en donde el autor pretende enseñarnos a revelar nuestros carretes por el proceso químico tradicional y luego a escanearlos para trabajarlos digitalmente, me encontré al final de la lectura con un enlace que me ha conducido a este otro artículo del mismo autor que viene a ser la continuación del anterior y que seguidamente os muestro.

Está divido en dos partes: La primera entrega nos habla de la toma y el procesamiento de imagen es y la segunda de la preparación de la imagen para imprimirlas o colocarla en la red

En estos tiempos en los que los fabricantes de cámaras de fotografía se esfuerzan por lograr modelos con sensores y objetivos de alta calidad, muchos casi nunca imprimen sus fotos en papel. Esto no deja de ser paradójico, pues lo cierto es que si sólo muestras tus fotos en internet o en la televisión, por muy Full HD que ésta sea, con una cámara de dos megapíxeles, como la de muchos teléfonos, tienes suficiente para exhibirlas en una pantalla.
Es cierto que la calidad del color o la óptica juegan también un papel importante a la hora de mostrar imágenes en una pantalla, pero la inmensa mayoría de cámaras compactas y muchos móviles que hacen buenas fotos, como el Nokia N96, te permitirán mostrar fotografías en una pantalla y sacar alguna que otra copia a papel con calidad.
¿RAW o Jpeg?

Lo primero que debes saber es que, si tienes la intención de disparar una foto bien estudiada para imprimirla con calidad, por ejemplo un retrato, y tu cámara es capaz de realizar tomas en bruto, formato RAW, debes dispararlas así. Esto también es recomendable cuando vas a mostrar la imagen en una pantalla, pero las condiciones de luz son complicadas porque hay luces extremas, como sucede en tomas hechas a contraluz, o porque sencillamente la luz es escasa. En ese caso, cabe disparar en RAW y luego procesar la imagen para mejorar sus detalles.

Un archivo RAW no es otra cosa que los datos sobre la imagen que ha captado la cámara y que se almacenan directamente en la memoria, sin que la cámara haya procesado con su software interno valores como el balance de blancos o la exposición. Es, por tanto, el equivalente en digital al negativo de la fotografía analógica. Cuando la cámara almacena en Jpeg una foto, esos valores ya han sido establecidos por nosotros con antelación, si hemos disparado en modo manual, o por la propia cámara, si hemos disparado en modo automático.

El Jpeg conlleva que el margen para editar una foto mediante un programa de tratamiento de imágenes queda mermado, pues se basa en un algoritmo de compresión con pérdida de información. Podemos tocar todo lo que queramos un archivo RAW, que siempre podremos volver a los valores originales, sin perder ni la más mínima calidad, pero si abres una foto que ya ha sido comprimida en Jpeg, la editas, y la vuelves a grabar en ese mismo formato acabas de perder información visual en la misma. Cuantas más veces sometas un archivo Jpeg a ese proceso, más calidad perderá. Por ello, si editas una foto en Jpeg, guarda siempre el original, es tu negativo.

En definitiva, puede decirse que disparamos en JPEG cuando no vamos a editar a posteriori una imagen, o si sólo realizamos unos ajustes mínimos, y disparamos en RAW cuando queramos lograr un acabado más personal, y normalmente de más calidad, procesándola en el ordenador. En cualquier caso, dispares en un formato o en otro, intenta que la fotografía técnicamente sea lo más correcta posible en el momento de hacerla.
¿Qué es una fotografía técnicamente correcta?

Si nos guiamos por la pauta de alcanzar la máxima calidad técnica posible con nuestro equipo fotográfico, y nos olvidamos de cualquier motivación artística subjetiva, puede decirse que una buena toma es aquella que tiene una gran riqueza de matices y de colores, sea ésta realizada en blanco y negro o en color. Para saber esto de forma objetiva, tenemos que recurrir al histograma, que no es otra cosa que una herramienta de medición de los tonos de una imagen.
El histograma, una herramienta muy útil

El histograma puede consultarse en algunas cámaras antes de hacer la foto y después de hacerla. Si tu cámara dispone de esta función, úsala, lo mejor es hacer bien la foto en el terreno. Si no lo usaste al hacer la foto, o la toma es irrepetible, puedes consultarlo desde el programa de edición y modificar la imagen hasta que este sea óptimo. Ver imagen sobre estas líneas.
Valores ISO

Por otra parte, para obtener imágenes con gran variedad de detalles, es crítico que al disparar lo hagamos con el menor valor ISO posible, pues en verdad esa es la sensibilidad 'real' de nuestra cámara. Cualquier imagen captada con unos valores ISO superiores a los mínimos permitidos, supone que la cámara debe amplificar la señal luminosa, lo que motiva una pérdida de calidad que genera ruido. Este será más o menos tolerable en función del equipo con el trabajemos.

Por ejemplo, he aquí una foto tomada con un teléfono Sony Ericsson C905 a 400 ISO y otra realizada con una cámara réflex profesional EOS 5D Mark II con el mismo valor ISO. En ambos casos, se ha rebasado el valor ISO mínimo de las cámaras. Las diferencias serían apabullantes si hiciéramos ampliaciones en papel fotográfico, pero si las publicamos en un blog, apenas hay diferencias entre la una y la otra.
A la izquierda, una foto digital con ISO 100. A la derecha, con ISO 1600.

Por ello, si disparas con un móvil, hazlo con la sensibilidad mínima permitida, si es que puedes ajustar ese valor. Si disparas con una cámara compacta de consumo, no sobrepases los 400 ISO; y si disparas con una réflex, normalmente no tendrás problemas para hacerlo a 800 ISO, aunque en este segmento las diferencias son muy grandes (algunas se comportan bastante bien en valores de incluso 6400 ISO). Recuerda: si hay poca luz siempre puedes usar el trípode o apoyar la cámara sobre una superficie estable para disparar sin flash y con sensibilidades bajas. Ver imagen superior.

La profundidad de color

Al editar fotografías, la profundidad de color es clave, pues según sea ésta mayor o menor podremos trabajar con más o menos flexibilidad con nuestras imágenes, sin deteriorar mucho su calidad. El ojo humano no puede diferenciar entre una imagen con una profundidad de color de 8 o de 16 bits, pero el ordenador sí.

Si tu cámara es capaz de almacenar las fotos con una profundidad de 16 bits, estás de enhorabuena, por lo general sólo las réflex pueden hacer esto. Algunos programas, eso sí, son capaces de convertir más o menos bien imágenes de 8 a 16 bits, pero ten en cuenta que de lo que no hay difícilmente se puede sacar.

Es posible diferenciar un aumento de calidad cuando trabajamos con imágenes de 32 bits, pero ninguna cámara es capaz de captar fotos así a día de hoy. Para obtener una imagen con esa enorme profundidad de color, debes usar la técnica del Alto Rango Dinámico —HDR—. En esencia, ésta consiste en hacer una misma foto a partir de varias tomas, normalmente realizadas en RAW, con un diafragma idéntico, pero variando de forma proporcional la exposición.

Debe usarse trípode y el motivo debe ser completamente estático, pero una vez que obtenemos las imágenes existen diversos programas, como Photoshop, que las fusionan en una única imagen con una impresionante variedad de tonos. Las posibilidades de edición de estas fotos son muy grandes. Eso sí, mucho ojo al usar esta técnica si no quieres que tus fotos queden con un color más propio de una película de dibujos animados. En internet encontrarás muchas páginas que abordan la forma de usar esta técnica.

¿Qué programa uso?

La pauta es destruir la menor información posible de la imagen al editar. Por ello, si disparas en RAW, utiliza el programa de edición que incorpore tu cámara para estos archivos, pero si usas Photoshop, edita tus imágenes con el plug-in Camera Raw; descubrirás que es genial. Si usas este programa de Adobe, también puedes trabajar con archivos en Jpeg y TIFF sin alterar demasiado la información que contienen.

Por otra parte, Picasa 3 no destruye información hasta que exportamos la foto con todos los cambios que hemos aplicado en ella. Además, permite visualizar el histograma y trabajar con los archivos RAW de algunos fabricantes, y por supuesto con los Jpeg. Si empleas Photoshop, puedes usar las denominadas capas de ajuste, que permiten también aplicar cambios a la imagen sin destruir información. Otras dos buenas opciones son Adobe Photoshop Lightroom y Apple Aperture.

¿Qué herramientas uso?

Como estamos hablando de que logres buenas fotos en color o en blanco y negro, y no fotomontajes, las herramientas que debes de usar serán aquellas que te permitan variar los valores de tono, brillo, y saturación de una imagen; siempre observando los cambios en el histograma de la imagen.

Estas correcciones pueden hacerse en la totalidad de la foto, que es lo más normal, o sólo en alguna de sus partes. En este último caso trabajaríamos con una aplicación que nos permita editar mediante máscaras para hacer retoques sobre zonas puntuales de la imagen. También cabe aplicar algunas correcciones puntuales para eliminar imperfecciones de la imagen motivadas por la aparición de polvo en la lente de la cámara o algo similar.

En definitiva, se trata de que proceses tus fotos como lo harías en un clásico laboratorio de fotografía analógica, sin desnaturalizar la imagen y con el propósito de mostrar con calidad la instantánea que has captado; que al fin y al cabo es lo que cuenta.